
La corrupción está presente en todo el mundo y tiene un enorme rechazo en la sociedad tanto por cuestiones morales como por su capacidad de daño en los ámbitos económicos, políticos y sociales. Una acción corrupta es en general la que deteriora un estado de cosas. Se podría citar como ejemplo una manzana que se pudre, pero para efectos más prácticos se usará la definición de la ONG Transparencia Internacional, que en términos generales dice que la corrupción es el abuso de poder para beneficio propio (s/f), es decir, aprovecharse de un cargo público para sacar beneficios particulares. En Colombia el panorama es preocupante, pues hay situaciones que atizan la problemática y considero que la conciencia social y la participación ciudadana son las herramientas más eficaces para combatir la corrupción. A continuación, se hará un breve contexto histórico sobre la corrupción en Colombia, luego, se expondrán algunas malas prácticas que propician este fenómeno, después, se presentará un estudio de caso y, por último, se darán unas recomendaciones para disminuir los índices de corrupción en el país.
Para
algunos historiadores como Hermes Tovar, la corrupción no es un fenómeno nuevo
en nuestro país (Colombia), ella se instaló con el sistema colonial, se
profundizó con la república y ha florecido en pleno siglo XXI como un modo de
vida de muchos compatriotas (2.014), si bien es una postura interesante, no
aborda a plenitud la cuestión porque la corrupción más que una herencia
colonial es una desviación social íntimamente relacionada con el poder que ha
estado presente desde los inicios de la humanidad, idea que de ninguna manera
justifica su existencia. En nuestra nación, esta problemática es
considerablemente grave por la ineficiencia institucional, la violencia, la
limitada información de la gestión pública, la monopolización de los medios de
comunicación, entre otras, lo que trae como consecuencia un generalizado
rechazo y pérdida de confianza de la ciudadanía frente a sus representantes, no
obstante, es la ciudadanía misma la que tiene el máximo potencial de transformación.
Para
empezar, hay que formar una conciencia política que nos permita elegir mejores
gobernantes y para ello es necesario identificar ideas que pueden parecernos
correctas pero que en la práctica son perjudiciales o inútiles:
Creer que todos los políticos
son corruptos y no hay nada que se pueda hacer para mejorar la situación. Esta
postura refleja un pesimismo en torno al presente y futuro de nuestra nación y
es muy característica del colombiano. Aunque puede parecer una contundente
desaprobación a las prácticas corruptas, resulta inútil porque no plantea
propuestas diferentes y peligroso porque sepulta los esfuerzos de escasos y
valerosos dirigentes que luchan por un cambio en las esferas del poder.
Votar por afiliación
partidista. Es cierto que los partidos políticos son necesarios en una
democracia porque defienden ideologías y proyectos programáticos, pero el
problema se presenta cuando el ciudadano vota por colores y una afición ciega a
un movimiento, éste fue el principal causante de la violencia del siglo XX en
el país y por fortuna tiende a desaparecer en nuestro tiempo.
El caudillo populista es el
más perjudicial de todos, recoge el sentir de descontento generalizado y se
alza como el gran salvador de la patria, la gente lo elige por su temple, sus
constantes confrontaciones y un discurso fuerte y cohesionador, pero cuando
llega al poder aplica medidas que atentan contra los derechos humanos y
debilita la democracia.
Si logramos eliminar estas
tres negativas mentalidades de nuestro ideario podremos avanzar como sociedad y
evitar el recrudecimiento de la corrupción.
Lo
fundamental es la cultura de la transparencia en todos los ámbitos sociales y
para lograrlo podemos aprender de experiencias internacionales exitosas como la
de Suecia.
Suecia es uno de los países
con mayores índices de transparencia en gobernabilidad evidenciados en cifras
como el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) 2015 en el que ocupó el tercer
lugar en el mundo con una puntuación de 89/100, lo que intrínsecamente se
relaciona con un alto desarrollo humano. Debemos servirnos de su experiencia de
la mano de expertos en el tema como Anders Carlsson quien le ha confesado al
mundo que su país fue uno de los más corruptos pero que pudo superarse con el
libre acceso a los documentos gubernamentales desde 1.766 (política digital,
2003), educación basada en competencias ciudadanas que fortalecen el civismo y
generan una cultura donde se exalta el mérito, la excelencia y la transparencia.
La vigilancia atenta de la sociedad y una mayor veeduría ciudadana aumentan la
probabilidad de que el corrupto sea sancionado desincentivando esas prácticas
en la gestión pública, así como afirma José Tortosa, la lucha contra la
corrupción sería más eficaz aumentando la probabilidad de que el culpable fuera
castigado y sancionado (1995). En su libro La
República Platón concluye que
el ser humano no actúa moralmente por naturaleza, sino que lo hace para
mantener una aceptación social, esa es la razón por la que resulta muy
beneficioso que la ciudadanía ejerza una mayor presión y exija resultados
concretos y transparentes a sus gobernantes. Más que en las sanciones que
imponer, resalto la importancia de robustecer las veedurías ciudadanas en la
lucha contra la corrupción y la generación de una conciencia social de
transparencia y sentido de pertenencia a fin de que “si podemos evitar que
ocurra algo malo sin sacrificar nada de una importancia comparable, debemos
hacerlo.” (Singer, 2.009, p.8).
En conclusión, hay un largo
camino por recorrer en la lucha contra la corrupción y la creación de una
cultura transparente. El poder más grande está en el ciudadano que debe
apropiarse de la realidad, ser propositivo y veedor para que los políticos
entiendan que los recursos públicos son sagrados.
Referencias
Suecia:
Apertura, transparencia y libertad (2.003). Política
digital. Recuperado de http://www.politicadigital.com.mx/?P=leernoticia&Article=2225 .
Singer, P.
(2009). Ricos y Pobres (R. Herrera, Trad.). En Ética Práctica (pp. 221-248). Madrid: Akal.
Tortosa, J. M. (1995). Corrupción.
Barcelona: Icaria Editorial.
Tovar, H. (2014). Corrupción:
Metáfora de ambición y deseo (Colección
Séneca). Bogotá, Colombia: Ediciones Uniandes.
What is corruption? (s/f). Transparency
International. Recuperado de https://www.transparency.org/what-is-corruption/.
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